La avicultura mexicana atraviesa un período de expansión. De acuerdo con las últimas estimaciones del Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA-FAS), la producción de carne de pollo crecería alrededor de 3% en 2026, hasta alcanzar los 4,3 millones de toneladas, mientras que para 2027 se espera otro incremento del 2%, que llevaría el volumen hasta aproximadamente 4,4 millones de toneladas.
Las cifras muestran una industria que continúa aumentando su capacidad productiva y que, además, está atravesando un importante proceso de modernización. Cerca del 75% de la producción avícola mexicana se encuentra verticalmente integrada, una estructura que facilita la incorporación de tecnología y permite controlar diferentes etapas de la cadena, desde la producción de alimento y aves hasta el procesamiento y la comercialización.
Parte del crecimiento esperado para 2027 estará asociado precisamente a inversiones iniciadas durante finales de 2025 y 2026 que comenzarán a alcanzar su plena capacidad operativa. Entre ellas aparecen proyectos destinados a ampliar instalaciones, automatizar procesos, mejorar el control ambiental de los galpones y modernizar los sistemas de alimentación.
Fuertes inversiones para ampliar la capacidad
Uno de los movimientos más importantes corresponde a Pilgrim’s México, que anunció a comienzos de 2026 un programa de inversiones por US$ 1.300 millones durante cinco años, destinado a aumentar su capacidad productiva y avanzar en modernización tecnológica.
También se registran inversiones de Bachoco orientadas a ampliar geográficamente su producción. Entre los proyectos mencionados se encuentran instalaciones automatizadas de incubación y procesamiento en Yucatán y una expansión productiva en Veracruz, que se espera estén plenamente operativas hacia 2027.
Esta descentralización tiene una doble importancia. Por un lado, permite reducir la concentración productiva en estados tradicionalmente avícolas como Jalisco, Veracruz y Puebla, disminuyendo la exposición frente a determinados riesgos sanitarios. Por otro, acerca la producción a nuevos centros de consumo, con la posibilidad de reducir distancias y costos logísticos.
Las condiciones productivas también acompañaron durante la primera parte de 2026. Una presión sanitaria relativamente baja, condiciones climáticas favorables y las inversiones realizadas en instalaciones con control ambiental contribuyeron al crecimiento. A esto se agrega una variable particularmente relevante para la rentabilidad avícola: la reducción de los precios internacionales de los granos, que favorece especialmente a las compañías integradas con elevada demanda de alimento balanceado.
Más producción, pero también más consumo
El problema —o, desde otra perspectiva, la oportunidad— es que el consumo mexicano crece incluso más rápido que la capacidad del país para abastecerlo exclusivamente con producción nacional.
Para 2026 se estima que el consumo de carne de pollo aumentará alrededor de 3%, hasta 5,3 millones de toneladas. En 2027 volvería a crecer aproximadamente otro 3%, alcanzando los 5,5 millones de toneladas. La competitividad del pollo frente a otras proteínas animales, una inflación más moderada y la disponibilidad del producto en numerosos formatos y canales comerciales sostienen esta tendencia.
La elevada oferta también está teniendo consecuencias sobre los precios. Durante junio de 2026, los precios del pollo vivo a nivel de granja se ubicaron 31,4% por debajo del mismo período del año anterior. Los precios de la canal retrocedieron 23%, mientras que los cortes a nivel de planta procesadora bajaron 14,2%. En supermercados, la disminución interanual alcanzó aproximadamente el 10,9%.
Para el consumidor, esta situación fortalece todavía más al pollo como proteína accesible. Para el productor, sin embargo, plantea un escenario diferente: mayor volumen no necesariamente significa mejores márgenes, especialmente en un mercado caracterizado por una oferta abundante y una creciente presencia de producto importado.
Las importaciones seguirán por encima del millón de toneladas
Ese es probablemente uno de los datos más significativos de las perspectivas para el sector. A pesar del crecimiento de la producción mexicana, las importaciones también continuarán aumentando.
Para 2026, el USDA estima un incremento cercano al 3%, hasta aproximadamente 1,1 millones de toneladas. Para 2027 se espera un nuevo crecimiento, esta vez del 4%, manteniendo las compras externas por encima del millón de toneladas. La explicación es estructural: la producción nacional aumenta, pero todavía no lo suficiente para acompañar el crecimiento de la demanda interna.
México se consolida así como un mercado particularmente atractivo para los grandes exportadores mundiales de carne aviar. Históricamente, Estados Unidos ha sido el principal proveedor, favorecido por la proximidad geográfica, una cadena logística altamente desarrollada y el acceso libre de aranceles establecido por el T-MEC. Pierna y muslo, carne mecánicamente deshuesada y pechuga se encuentran entre los productos estadounidenses que abastecen el mercado mexicano.
Brasil gana terreno en el mercado mexicano
Sin embargo, durante los últimos años apareció un competidor cada vez más relevante: Brasil.
El Paquete contra la Inflación y la Carestía (PACIC), implementado por el gobierno mexicano, abrió temporalmente el acceso libre de aranceles para productos procedentes de países sin acuerdos de libre comercio con México. Brasil aprovechó esta ventana para incrementar significativamente sus exportaciones de carne de pollo y ganar participación en el mercado.
La situación genera una competencia particularmente interesante. Estados Unidos conserva ventajas estructurales asociadas a la cercanía y al T-MEC, mientras que Brasil cuenta con una industria exportadora de enorme escala y altamente competitiva en precios.
El actual esquema del PACIC está previsto hasta finales de diciembre de 2026, aunque el gobierno mexicano mantiene la posibilidad de extenderlo. Si el beneficio no fuera renovado, el pollo brasileño volvería a enfrentar una desventaja arancelaria respecto del producto estadounidense. La decisión será, por lo tanto, una de las variables comerciales más importantes para seguir durante los próximos meses.
Un gigante productor que todavía necesita del mercado internacional
En contraste con su importancia como productor y consumidor, México continúa teniendo una presencia muy reducida como exportador de carne aviar. Los embarques se mantendrían en apenas 9.000 toneladas tanto en 2026 como en 2027.
Las restricciones sanitarias explican buena parte de esta situación. La influenza aviar altamente patógena y la enfermedad de Newcastle continúan condicionando el acceso a determinados destinos. México utiliza vacunación para proteger sus planteles comerciales, pero algunos mercados mantienen restricciones sobre carne aviar cruda procedente de países que aplican programas activos de vacunación.
Las perspectivas para 2027 muestran así una industria mexicana en expansión, con inversiones millonarias, mayor automatización, nuevas zonas productivas y un mercado doméstico que continúa absorbiendo cantidades crecientes de carne de pollo. Pero muestran también una particularidad fundamental: el crecimiento de la producción nacional no está reduciendo, por ahora, la necesidad de importar.
Con un consumo proyectado en 5,5 millones de toneladas, una producción cercana a 4,4 millones y compras externas superiores al millón de toneladas, México continuará siendo simultáneamente uno de los grandes productores avícolas del mundo y uno de los mercados de importación más atractivos. En ese escenario, la evolución de los precios internos, las inversiones de la industria y, especialmente, la disputa comercial entre Estados Unidos y Brasil serán claves para entender hacia dónde se dirige la avicultura mexicana en 2027.



