El Niño comienza a mover el mapa agrícola mundial: Argentina mejora mientras crecen los riesgos en Brasil y Australia

El fenómeno de El Niño empieza a convertirse nuevamente en una variable central para la agricultura mundial. Las primeras consecuencias sobre los cultivos ya pueden observarse en diferentes regiones productoras, aunque lejos de mostrar un patrón uniforme, las condiciones actuales presentan escenarios marcadamente diferentes entre países e incluso dentro de un mismo territorio.

La Organización Meteorológica Mundial había advertido en junio sobre la posibilidad de un episodio potencialmente fuerte y las últimas evaluaciones indican que el fenómeno continúa fortaleciéndose. Su influencia sobre las condiciones meteorológicas podría profundizarse entre agosto y octubre, modificando los patrones de precipitaciones en distintas regiones agrícolas.

La principal conclusión hasta el momento es que El Niño todavía no está provocando pérdidas generalizadas en las cosechas mundiales, pero sí está aumentando el nivel de riesgo. La combinación entre lluvias acumuladas, humedad de los suelos y estado de la vegetación muestra que algunos de los principales cinturones agrícolas comienzan a ingresar en una etapa en la que el momento y la intensidad de las precipitaciones serán determinantes.

Argentina: las lluvias cambiaron las perspectivas

Para Argentina, al menos hasta ahora, El Niño está mostrando su cara más favorable. La campaña había comenzado con condiciones secas que generaban preocupación sobre el desarrollo del trigo, pero desde mediados de julio las precipitaciones aumentaron en varias de las principales regiones productoras.

La recuperación de las lluvias permitió mejorar los niveles de humedad del suelo y cambiar sustancialmente las perspectivas del cultivo. Las precipitaciones acumuladas se ubican ahora por encima de los registros observados durante 2023 y los indicadores de humedad mostraron una fuerte recuperación durante los primeros días de agosto.

El comportamiento coincide con uno de los patrones históricamente asociados a El Niño en la región pampeana argentina. A diferencia de otras zonas del mundo donde el fenómeno suele estar relacionado con altas temperaturas y sequías, en buena parte del área agrícola argentina puede traducirse en mayores precipitaciones.

Esto podría representar una ventaja para el trigo argentino, especialmente después de campañas condicionadas por déficits hídricos. Sin embargo, el escenario favorable dependerá de cómo evolucionen las lluvias durante las próximas etapas del cultivo. El agua que hoy favorece la recuperación de los perfiles podría convertirse posteriormente en un problema si las precipitaciones se vuelven excesivas durante períodos sensibles o próximos a la cosecha.

Brasil: demasiada agua amenaza al trigo

Al otro lado de la frontera aparece una situación prácticamente inversa. En el sur de Brasil, donde se concentra más del 80% de la producción nacional de trigo, el problema emergente no es la sequía sino el exceso de precipitaciones.

Durante julio, las lluvias estuvieron muy por encima de los promedios históricos en importantes zonas productoras. Por ahora no existen evidencias de daños importantes en la cosecha, pero la continuidad de esas condiciones podría incrementar rápidamente los riesgos a medida que el cultivo ingrese en etapas más sensibles.

Una elevada humedad durante períodos prolongados dificulta las tareas agrícolas y favorece el desarrollo de enfermedades fúngicas. A esto se suma una menor radiación solar bajo condiciones de nubosidad persistente, capaz de afectar la fotosíntesis y el llenado de los granos.

El riesgo no se limita, por lo tanto, exclusivamente al rendimiento. Las condiciones meteorológicas también pueden comprometer la calidad comercial del trigo, una variable especialmente importante para la industria molinera y para el comercio regional.

La experiencia de episodios anteriores obliga a mantener la atención. Tanto en 2015 como en 2023, campañas influenciadas por El Niño registraron pérdidas en el trigo brasileño asociadas a precipitaciones excesivas. El período que comenzará en septiembre será especialmente importante para determinar si el actual exceso de agua queda como una señal de alerta o termina transformándose en pérdidas productivas.

Australia e India también bajo observación

Australia aparece como otro de los países donde el riesgo aumentó significativamente. Los cultivos de trigo, cebada y canola todavía presentan, en términos generales, buenas condiciones, pero comienza a observarse una creciente diferenciación regional.

En Australia Occidental las precipitaciones disminuyeron y algunos indicadores empiezan a mostrar similitudes con 2023, una campaña en la que los rendimientos fueron afectados por la sequía. Las condiciones de la vegetación todavía son considerablemente mejores que entonces, pero las perspectivas meteorológicas anticipan precipitaciones inferiores al promedio para distintas regiones durante el período agosto-octubre.

India presenta un panorama todavía más heterogéneo. El monzón no está generando una única situación nacional, sino un mosaico de regiones con comportamientos muy diferentes. Al 5 de agosto, las precipitaciones acumuladas se encontraban aproximadamente 11% por debajo del promedio histórico de largo plazo, aunque con diferencias importantes entre zonas.

Los déficits alcanzaban el 27% en el este y noreste del país, 18% en la península sur y 12% en el noroeste. El maíz y la soja aparecen entre los cultivos que podrían resultar más expuestos en aquellas regiones donde la falta de precipitaciones coincida con etapas críticas de desarrollo.

Estados Unidos y Canadá muestran mayor resistencia

En América del Norte, el escenario presenta por ahora menos señales de alarma. Las praderas canadienses recibieron importantes precipitaciones durante mayo y junio que permitieron recuperar la humedad de los suelos después de varios años secos.

Julio mostró una reducción de las lluvias, pero los cultivos consiguieron mantener buenas condiciones gracias a las reservas acumuladas previamente. La continuidad del período seco será, sin embargo, una variable para seguir durante las próximas semanas.

En Estados Unidos, por su parte, la relación entre El Niño y el comportamiento del maíz y la soja durante esta etapa del ciclo no presenta una señal histórica suficientemente consistente como para anticipar resultados productivos. La experiencia muestra campañas favorables y desfavorables bajo condiciones de El Niño, por lo que el fenómeno por sí solo no permite proyectar rendimientos.

Las próximas semanas serán decisivas para los mercados

El mapa agrícola mundial muestra así una característica fundamental de El Niño: un mismo fenómeno puede significar agua necesaria para una región y exceso de precipitaciones o sequía para otra.

Argentina representa actualmente uno de los casos donde las condiciones mejoraron más claramente desde comienzos del invierno, mientras Brasil y Australia aparecen entre las regiones que requieren mayor seguimiento. India mantiene riesgos localizados, Canadá conserva una buena posición productiva y Estados Unidos presenta, por ahora, una señal menos definida.

Todavía es demasiado temprano para traducir estos fenómenos en pérdidas concretas de producción mundial. Pero el fortalecimiento previsto de El Niño entre agosto y octubre coincide con el ingreso de numerosos cultivos en etapas sensibles de desarrollo.

Para los mercados agrícolas, esto significa que las próximas semanas tendrán una importancia considerable. Rendimientos, calidad de los granos, fechas de cosecha y disponibilidad regional comenzarán a definir si las actuales anomalías meteorológicas permanecen como riesgos localizados o terminan modificando las perspectivas globales de oferta.

Y para Sudamérica, el contraste será particularmente interesante: las mismas condiciones asociadas a El Niño que hoy permiten mejorar las perspectivas productivas de Argentina podrían convertirse en un factor de riesgo para el trigo brasileño. Una diferencia climática que, si se profundiza, también podría terminar repercutiendo sobre los flujos comerciales y los precios regionales de los granos.

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