Brasil: menor producción de granos y mayor presión sobre los costos

Brasil se prepara para una campaña agrícola atravesada por una combinación de costos crecientes, incertidumbre climática y restricciones financieras. El último informe Grain and Feed Update – Brazil, elaborado por el Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), advierte que la campaña 2026/27 podría mostrar una moderación en la producción de algunos de los principales granos del país, al mismo tiempo que los productores enfrentan una estructura de costos considerablemente más elevada.

El maíz se mantiene alto, pero aumentan las señales de alerta

En maíz, el USDA proyecta para el ciclo comercial 2026/27 una producción de 139 millones de toneladas, ligeramente por debajo de los 139,5 millones estimados para 2025/26. La superficie se ubicaría en torno a los 23 millones de hectáreas. A pesar de la pequeña reducción interanual, se trata todavía de un volumen muy elevado en términos históricos y que confirma la capacidad productiva alcanzada por Brasil.

Sin embargo, detrás de esos números aparecen algunas señales de alerta. Una de ellas es el posible desarrollo de El Niño, que podría alterar el régimen de precipitaciones y retrasar la siembra y cosecha de soja. Esto resulta particularmente importante porque alrededor del 77% del maíz brasileño corresponde actualmente a la segunda cosecha o safrinha, implantada mayoritariamente después de la soja. Un retraso en el cultivo precedente puede reducir la ventana óptima de siembra del maíz y aumentar su exposición a períodos de déficit hídrico u otros eventos climáticos adversos.

El problema ya quedó parcialmente expuesto durante la campaña actual. Mientras algunas regiones registraron buenos resultados, zonas productoras como Goiás sufrieron déficit hídrico durante etapas críticas de floración y llenado de granos. Según datos de CONAB citados por el USDA, la producción de la segunda cosecha de maíz en ese estado podría caer alrededor de 31% frente al ciclo anterior. En Mato Grosso do Sul también se proyectan pérdidas de rendimiento, mostrando la fuerte heterogeneidad que puede presentar la cosecha brasileña.

Producir maíz será más caro

Más allá del clima, uno de los principales factores que comienza a condicionar las decisiones de los productores es el incremento de los costos. Según datos del Instituto Mato-grossense de Economía Agropecuaria (IMEA) incluidos en el informe, los costos de producción estimados para el maíz 2026/27 alcanzaron hacia fines de junio los 3.767 reales por hectárea, un aumento del 13,5% respecto de la campaña anterior.

La presión se observa también al considerar una estructura de costos más amplia. El costo operativo efectivo se ubicó en aproximadamente 5.493 reales por hectárea, 14% por encima del ciclo previo, mientras que el costo total alcanzó los 7.373 reales por hectárea, con una suba interanual cercana al 10%. Fertilizantes, productos para protección de cultivos y seguros aparecen entre los componentes que explican buena parte del incremento.

La situación adquiere mayor importancia porque Brasil continúa dependiendo fuertemente del mercado internacional para abastecerse de insumos. Aproximadamente el 85% de los fertilizantes utilizados en el país son importados, lo que deja a la producción agrícola expuesta a variaciones internacionales de precios, disponibilidad, logística y tensiones geopolíticas. Durante el primer semestre de 2026, las importaciones brasileñas de fertilizantes disminuyeron cerca de 9% interanual, reflejando una postura más cautelosa de los compradores frente a la incertidumbre del mercado.

El trigo muestra una caída mucho más pronunciada

Si en maíz el escenario puede definirse como de cautela, en trigo las perspectivas son considerablemente más complejas. El USDA redujo su estimación de superficie para 2026/27 hasta 2 millones de hectáreas, aproximadamente 18% menos que durante el ciclo anterior y el nivel más bajo de los últimos nueve años.

Como consecuencia, la producción brasileña de trigo podría caer hasta 6,1 millones de toneladas, frente a aproximadamente 7,9 millones del ciclo 2025/26. La disminución sería del 22,5%, convirtiéndose, de confirmarse, en la mayor caída de producción triguera brasileña de los últimos siete años. Endeudamiento de los productores, dificultades de acceso al crédito, mayores costos de producción y el riesgo climático aparecen entre las principales causas.

La menor cosecha aumentaría además la dependencia brasileña del trigo importado. El USDA proyecta compras externas por 7,2 millones de toneladas equivalentes de grano durante 2026/27, lo que llevaría las importaciones a niveles récord. Argentina, por cercanía geográfica y por las condiciones comerciales dentro del Mercosur, continúa siendo el principal proveedor del mercado brasileño.

Una variable para seguir desde la producción animal

Para las cadenas avícola y porcina, la evolución del mercado brasileño de granos merece especial atención. Brasil es simultáneamente uno de los mayores productores mundiales de maíz y uno de los principales productores y exportadores de proteína animal. Por eso, cualquier modificación significativa en los costos agrícolas termina teniendo implicancias sobre una extensa cadena productiva.

El propio USDA proyecta que el consumo de maíz destinado a alimentación animal alcanzará los 65 millones de toneladas en 2026/27, mientras que el consumo total doméstico crecería hasta 100 millones de toneladas. Al mismo tiempo, la expansión de la industria brasileña de etanol de maíz agrega una nueva fuente de demanda sobre el cereal. El informe estima que los usos industriales, alimentarios y de semillas alcanzarán 35 millones de toneladas durante ese ciclo.

Esto no implica necesariamente un escenario inmediato de escasez de maíz: Brasil seguirá contando con una cosecha cercana a los 140 millones de toneladas. El punto de atención está en otro lugar. Una producción que deja de crecer al ritmo de la demanda interna, combinada con mayores costos de implantación y una creciente competencia por el cereal, puede reducir el margen disponible para absorber nuevos shocks climáticos o internacionales.

Para la producción de pollos y cerdos, donde la alimentación representa uno de los principales componentes del costo productivo, la evolución de la safrinha, los precios de los fertilizantes y el comportamiento de la demanda de maíz para etanol serán, por lo tanto, variables centrales durante los próximos meses. Brasil continúa siendo una potencia agrícola, pero el ciclo 2026/27 muestra que producir grandes volúmenes no necesariamente significa producirlos a bajo costo.

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