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8 febrero, 2023
Mié, 8 febrero, 2023

Una lista de buenos deseos avícolas para 2023

Como una suerte de inventario de peticiones al Niño Jesús o a los Reyes Magos, la avicultura comercial de América Latina esperaría que el año entrante no haya sobresaltos negativos en los siguientes rubros.

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Alexander Barajas
Alexander Barajas
Alexander Barajas Maldonado es Comunicador Social - Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) de la ciudad de Medellín (Colombia). Cuenta con una experiencia periodística superior a los 25 años de vigencia en distintos medios impresos y digitales. También es un escritor de ficción galardonado en certámenes locales y nacionales colombianos. Se ha especializado en temas económicos, con énfasis en la producción avícola y nuevas tendencias de consumo, de lo cual escribe de manera ininterrumpida desde el año 2013. Ha sido consultor y conferencista de gremios, empresas y proveedoras avícolas, principalmente en su país de origen y Ecuador. Puede escribirle por correo electrónico: olsoal08@gmail.com.

Exportaciones.

Como cada año, los avicultores de países hispanoamericanos que todavía no participan del mercado internacional de alimentos de origen aviar, esperan que los próximos doce meses, en algún momento, “se rompa el celofán” y empiecen a vender en plazas que paguen bien. Es el caso principalmente de Honduras, Colombia, Perú y Bolivia, que vienen trabajando por unirse a Brasil, Argentina y Chile, nuestros actores de competitividad global. México, Paraguay y Uruguay cuentan con cierta experiencia en envíos hacia mercados emergentes.

Transgénicos.

El susto que vivieron los avicultores mexicanos no se desea para nadie más, fruto de la amenaza de no permitir la importación de maíz transgénico. Esperemos que otros gobiernos de la región no caigan en la tentación de hacer anuncios en ese sentido; ya “los manitos” parece que esquivaron la bala gracias a los recientes pronunciamientos de dejar el asunto para 2025 (cuando llegue un nuevo gobierno) o de seguir permitiendo la importación para la actividad pecuaria. Esperemos que la volátil opinión de su gobierno federal no se despierte. Ya está bueno.

Paz social.

Que las revueltas multitudinarias que afectan la movilidad en carreteras y puertos sean cada vez menos frecuentes y menos duraderas en sus apariciones. Un negocio como el avícola, que es de centavos, gramos y horas no puede darse el lujo de atascos logísticos que acarrean enormes pérdidas, ponen en riesgo la seguridad alimentaria de nuestros países y disparan la inflación, que rara vez se devuelve, afectando de manera prolongada en el tiempo los niveles de consumo.

Meteorología.

Las lluvias y los fuertes vientos en el norte de Suramérica, así como en Centroamérica y el Caribe, afectan el funcionamiento de carreteras e incluso han provocado la devastación de explotaciones avícolas. En el sur del continente se viven sequías que impactan negativamente el resultado de las cosechas de granos que son materia prima avícola como el maíz amarillo duro, sorgo y soya. También encarecen la exportación de estos commodities y de carne aviar, sobre todo por la pérdida de navegabilidad del corredor fluvial Paraná-Río de la Plata.

Gremialismo.

En 2022 se retomaron con fuerza los encuentros empresariales y académicos sobre avicultura comercial en la región, destacándose obviamente el esperado Congreso Avícola Latinoamericano de Honduras (OVUM) y otros certámenes aplazados como el Congreso Nacional Avícola de Colombia, vivido con gran éxito en Medellín. Que estas reuniones sigan en 2023 y que avancen los preparativos por parte de la dinámica dirigencia gremial uruguaya para el OVUM 2024, en Punta del Este.

Proyectos de ley.

Al igual que con la malograda prohibición para los transgénicos en México, ojalá este nuevo año no traiga más regulaciones onerosas que inevitablemente afecta la competitividad del sector avícola en dos vías: encarece su operación y fomenta la informalidad. Pedimos también que los intereses de grupos vegano/animalistas sigan, en lo posible, manteniéndose fuera de nuestra normativa, por sus comprados perjuicios en otras latitudes para el negocio en sí y la nutrición de los más pobres.

No más guerra.

Aparte del interés humanitario con los desgraciados combatientes y población civil en Europa del este, el fin de las hostilidades que en un par de meses cumplirán su primer año es una condición imprescindible para aspirar a una recuperación de las cosechas rusas y ucranianas de granos que son materia prima avícola. También se restablecería poco a poco las cadenas de suministros globalizadas que propician las eficiencias y bajos costos que benefician a todos.

Una sanidad.

Con las malas noticias que llegan de China respecto a los rebrotes de Covid-19, unidos a los reportes de influenza aviar de alta patogenicidad en siete países de la América Hispana, no está de más rogar porque no lo uno ni lo otro se extienda, más teniendo en cuenta su enorme potencial para hacerlo. Esperemos que todos hayamos aprendido las lecciones del caso y que la bioseguridad siga siendo faro en nuestra vida diaria y en nuestra actividad avícola comercial. No más crisis de estas, por favor.

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