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18 agosto, 2022
Jue, 18 agosto, 2022

De criadores de pollos a activistas animalistas, ¿será posible?

Más allá de temas éticos, la transición de la que habla el título de esta nota se viene dando por la inestabilidad en el negocio cárnico, que suele afectar a los integrados, un eslabón en constante crisis y fuente de conflictos.

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Alexander Barajas
Alexander Barajas
Alexander Barajas Maldonado es Comunicador Social - Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) de la ciudad de Medellín (Colombia). Cuenta con una experiencia periodística superior a los 25 años de vigencia en distintos medios impresos y digitales. También es un escritor de ficción galardonado en certámenes locales y nacionales colombianos. Se ha especializado en temas económicos, con énfasis en la producción avícola y nuevas tendencias de consumo, de lo cual escribe de manera ininterrumpida desde el año 2013. Ha sido consultor y conferencista de gremios, empresas y proveedoras avícolas, principalmente en su país de origen y Ecuador. Puede escribirle por correo electrónico: olsoal08@gmail.com.

Hace unos meses pude ver un documental del canal alemán DW, en el que se mostraban varios casos de antiguos productores pecuarios que transformaron sus granjas comerciales en santuarios para animales de producción. Había varios puntos en común de tales experiencias, sin importar que fueran lecheros o productores de huevos.

Uno de ellos era su debilidad en la cadena productiva, todas pequeñas empresas familiares, con tradición de décadas, que no pudieron seguir el ritmo de las exigencias del mercado. Habían dejado de competir directamente y se habían vinculado como productores integrados a grandes conglomerados agroindustriales (firmas de lácteos o frigoríficos, por ejemplo).

Ni siquiera como integrados podían ya obtener alguna ganancia, estaban solos frente a las fluctuaciones de los precios y al arbitrio de lo que quisiera pagarles las grandes empresas, que cada vez exigían mejores rendimientos y reconocían menos por el esfuerzo. Se cansaron y eso lo aprovecharon los animalistas, un movimiento poderoso y rico en Europa.

Ahora sus instalaciones acogen los llamados “animales de granja recuperados”, los siguen cuidando, pero recibiendo un reconocimiento mensual fruto de las donaciones que logran los activistas. Siguieron con su granja, aunque en otro cuento. Un panorama preocupante, que me parecía lejano y que recordé a raíz de una publicación en un diario mexicano.

Allí se relataba que un criador de gallos de pelea decidió pasarse al mundo de “las gallinas felices”, lo que bien puede ser un paso intermedio a lo que se vive en Europa, si la situación de los integrados sigue siendo fuente de conflictos para la avicultura en algunos de nuestros países. En Colombia, un exitoso ganadero se volvió vegano, montó un santuario y hoy es un referente del movimiento animalista local.

Claro, pese a ser cada vez más visible, sigue siendo un tema marginal, inclusive en Europa. Sin embargo, puede convertirse en una tendencia, en un refugio para integrados desilusionados. Cuando veo que, por ejemplo, en Uruguay, cada año hay menos “faconeros” o criadores de pollos para frigoríficos, se podrían estar dando situaciones propicias; no se sabe, independiente de las causas.

Está pasando, ha pasado. No está de más echarle un vistazo a este vínculo, pensando en que opciones para el integrado también hay o pueden llegar a darse.

 

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