TLC Colombia-EE. UU.: ¿Cómo le ha ido al negocio avícola?

A una década del, en su momento, temido y satanizado Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de América (EUA), hoy la avicultura colombiana se muestra cada vez más robusta, actualizada tecnológicamente y con serias posibilidades de incursionar en el reto de las exportaciones a mercados exigentes y redituables.

La hecatombe prometida por los enemigos de la libertad económica y defensores del proteccionismo, no se dio. ¿Qué pasó? Lo primero a señalar sería una adecuada participación gremial en las negociaciones, que ayudó a definir periodos de transición generosos, los cuales han sido aprovechados para aumentar la competitividad del sector.

Faltan todavía nueve años para la desgravación completa en carne de pollo, que es lo que cuenta, pues el comercio internacional de huevo de mesa es ínfimo por las características logísticas de ese alimento y la buena producción local en la mayoría de los países.

Los contingentes permitidos para la importación de cuartos traseros y pasta de pollo no siempre se llenan, registrando en promedio 35 mil toneladas y 45 mil toneladas anuales, respectivamente. Por ende, la demanda interna es ampliamente satisfecha por la producción nacional (en más del 95%, con 1.7 millones de toneladas).

El TLC ha sido aprovechado para adquirir insumos a menor precio, como la soya, que entra libremente. En maíz amarillo duro se permite un contingente libre que cada año se acerca más a la demanda. En otros insumos como maquinaria, tecnología o genética, el beneficio por los bajos, nulos aranceles o devoluciones tributarias, ha sido más que evidente.

En términos generales, la avicultura comercial colombiana ha hecho la tarea de construir su propia competitividad, por ejemplo, en algunos cortes como las alas, para empezar exportaciones a Estados Unidos. Se está a la espera del trámite sanitario, aspecto en que sí se debió ser más visionario, definiendo desde 2012 la pronta homologación entre sistemas, como bien lo hizo Chile en su momento.

Los avicultores de Colombia apenas empezaron a “hacer la fila” y esperan no estar tanto en ella como sus pares hondureños, con más de una década esperando luz verde sanitaria para poder exportar al gigante del norte. Las lecciones aprendidas han sido claras y las ventajas, hasta el momento, muchas. Esperemos que en la siguiente década podamos hacer una evaluación similar. Paso a paso se viene trabajando en ello.

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