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26 noviembre, 2021
Vie, 26 noviembre, 2021

Huevos sin jaulas: ¿del compromiso de los comercializadores qué?

Los extra costos que acarrea pasarse a sistemas alternativos para la producción de huevos no pueden ser asumidos exclusivamente por el productor avícola.

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Alexander Barajas
Alexander Barajas Maldonado es Comunicador Social - Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) de la ciudad de Medellín (Colombia). Cuenta con una experiencia periodística superior a los 25 años de vigencia en distintos medios impresos y digitales. También es un escritor de ficción galardonado en certámenes locales y nacionales colombianos. Se ha especializado en temas económicos, con énfasis en la producción avícola y nuevas tendencias de consumo, de lo cual escribe de manera ininterrumpida desde el año 2013. Ha sido consultor y conferencista de gremios, empresas y proveedoras avícolas, principalmente en su país de origen y Ecuador. Puede escribirle por correo electrónico: olsoal08@gmail.com.

Cuando puedo preguntar a expertos avícolas europeos sobre el ruidoso movimiento y cuasi obligada transición hacia los huevos libres de jaula, me gusta pedirles que nos cuenten cómo va el proceso, cómo lo están viviendo, “ya que ustedes vienen del futuro”, les digo.

Casi todos entienden erróneamente que les hago un halago, como si el tercer mundo le preguntara al primero, reconociendo de manera previa alguna superioridad específica o que ya alcanzaron un estado ideal de cosas en ese tema. Y no, no es el caso.

Solo quiero señalarles que vienen de donde varios grupos de interés nos quieren llevar en esta América Hispana con la cantinela de los sistemas de producción alternativos. Precisamente, en mi pasado comentario en este blog (¿Le queda algún amigo a la agroindustria eficiente?), dejé enunciado un importante actor para la cadena avícola que tampoco parece ser muy amigo o por lo menos no se está portando como tal, a lado y lado del Atlántico.

Los mencioné como “comercios convenencieros”, con lo cual me refiero a las grandes superficies que ceden a la presión de ONG animalistas y una opinión pública desinformada. Ya lo vivieron en Europa y aquí también. En España, por ejemplo, la cadena de almacenes Lidl decidió de manera unilateral no vender más huevos de gallinas enjauladas desde enero de 2018.

Otras distribuidoras están en la misma tónica, aunque no necesariamente con vetos tan radicales. Eso hizo que el año pasado, en nuestra Madre Patria, el consumo en hogares se hubiera disparado 17% (151 unidades per cápita) principalmente de la mano de huevos tipo 2, los de ponedoras en piso de galpón (1 de cada 2 huevos consumidos en cada casa española).

Los expertos explican esta alta penetración en tan poco tiempo por la disposición del producto en los comercios, no por una decisión consciente del consumidor final. Se compra lo que hay disponible, y hay disponible los huevos de gallinas en piso de galpón porque son los libres de jaula “más fáciles” de producir.

Por el momento, para la industria de alimentos procesados, el comercio minorista y el canal horeca, esta transición parece tener un efecto neutro en su operación. Creen que el avicultor debe lidiar con los extracostos (18% más si se pasa de jaulas a piso de galpón, 32% si el brinco llega a campero), pero no tienen problema en cobrarle de más a su cliente consumidor por esos huevos libres de jaula.

Por lo anterior, suena bastante válido el reclamo que esta semana hizo la Asociación Española de Productores de Huevos (Aseprhu), pidiendo “un compromiso social” para que el consumidor se comprometa a pagar los mencionados encarecimientos. Personalmente, el tema debe trascender más allá e involucrar también al comerciante que cede a la presión animalista y deja solo al productor avícola con la siguiente disyuntiva: cambie o lo cambiamos por otro proveedor.

En este punto vale la pena ver el caso francés, donde se dio un proceso bastante más concertado que definió en 2016 que a 2022 la mitad de su producción de huevo sería alternativa. Se consultó al consumidor, los eslabones de la cadena se comprometieron y los distribuidores o comerciantes minoristas acordaron aportar 500 millones de euros para tal fin. Resultado: la meta se cumplió antes, el año pasado.

Igual, los animalistas franceses no están conformes y quieren más. No cesan sus campañas contra la agroindustria. Son radicales abolicionistas. El futuro está ahí para verlo y aprender. Las lecciones no deben ser solamente para el productor avícola; nuestros gobiernos, comercios y consumidores también deben sacar enseñanzas y hasta moralejas (no se vuelve vegano a un león tirándole toda la carne que pida).

Con la reciente claudicación de la cadena minorista Cencosud en Chile, luego de ceder a los animalistas en Brasil, es de esperar que el efecto dominó permee su operación en Perú y Colombia. Ojalá no dejen la mayor parte de la carga a los avicultores solos, y que el resto del comercio tome nota, se comprometa.

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