La confirmación de un brote de influenza aviar altamente patógena (IAAP) en una granja comercial obligó a Argentina a adoptar una de las medidas más sensibles para el sector: la suspensión temporal de exportaciones avícolas hacia aquellos destinos que requieren estatus sanitario libre de la enfermedad.
El anuncio se produjo tras la comunicación oficial del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), que activó los protocolos internacionales correspondientes. En estos casos, los países importadores pueden aplicar restricciones automáticas hasta que se restablezca la condición sanitaria del país exportador.
El impacto económico es significativo. La industria avícola argentina exporta carne de pollo, subproductos y genética a múltiples mercados, y la interrupción temporal de ventas externas genera presión sobre el mercado interno, con posibles efectos en precios, stock y flujo financiero de las empresas procesadoras.
En paralelo, las autoridades sanitarias trabajan en la contención del foco mediante aislamiento del establecimiento afectado, sacrificio sanitario y delimitación de zonas de control. El objetivo es demostrar ante la comunidad internacional que el brote está circunscripto y que los sistemas de vigilancia funcionan de manera eficiente.
Desde el sector privado, cámaras empresarias y frigoríficos expresaron preocupación por la pérdida de mercados, pero destacaron la necesidad de actuar con rapidez para recuperar la confianza internacional. En experiencias anteriores, la pronta implementación de medidas permitió reducir los plazos para la reapertura comercial.
En un escenario global donde la influenza aviar continúa afectando a múltiples países productores, la suspensión argentina refleja la sensibilidad del comercio avícola ante eventos sanitarios. El desafío inmediato será controlar el foco, sostener la actividad interna y gestionar la reapertura de mercados en el menor tiempo posible, preservando la competitividad del sector.




