El consumo global de carne aviar no deja de crecer y las proyecciones marcan que, hacia 2034, el pollo será la proteína más demandada del planeta. En ese escenario, Latinoamérica aparece como el gran proveedor natural, gracias a una combinación única de recursos, experiencia productiva y capacidad de adaptación a los mercados internacionales.
Ventajas estructurales de la región
- Granos abundantes y competitivos.
La producción de maíz y soja en Brasil y Argentina ofrece una ventaja decisiva: alimento balanceado de proximidad y a menor costo relativo que en otras regiones importadoras de granos. La conversión alimenticia —cuántos kilos de pienso necesita un ave para ganar un kilo de carne— depende de precios estables y de disponibilidad, un terreno en el que Latinoamérica juega de local. - Clima favorable y ciclos cortos.
A diferencia de los países de climas templados extremos, en buena parte de América Latina la producción puede sostenerse con menor gasto energético en calefacción o refrigeración. Esto permite mantener costos más bajos y reducir la huella de carbono por kilogramo producido. - Escala y know-how exportador.
Brasil se consolidó como el mayor exportador mundial de pollo, con acceso a más de 150 mercados y cadenas logísticas que llegan desde Shanghái hasta Dubái. Argentina, Chile y México también acumulan décadas de experiencia en la negociación sanitaria y comercial, lo que facilita abrir y sostener mercados exigentes. - Flexibilidad productiva.
La industria avícola latinoamericana se caracteriza por su capacidad de ajustar rápidamente volúmenes, cambiar cortes según la preferencia del comprador (entero, deshuesado, marinado, cocido) y adaptarse a certificaciones Halal o de bienestar animal. Esta versatilidad es clave en un mercado global volátil.
Oportunidades en el mercado mundial
Asia como imán. El centro de gravedad del consumo se desplaza hacia Asia, con China, India e Indonesia como principales motores. Allí se valoran cortes congelados y deshuesados, además de productos procesados listos para cocinar. Brasil ya lidera, pero otros países latinoamericanos pueden ganar terreno con nichos especializados.
África en ascenso. El crecimiento demográfico en África impulsará un aumento del 33% en el consumo de carnes hacia 2034. La cercanía geográfica y los menores tiempos de transporte desde Brasil y Argentina abren posibilidades logísticas frente a competidores de otras regiones.
Valor agregado y conveniencia. La urbanización global multiplica la demanda de productos listos para consumir. Latinoamérica tiene espacio para expandir su capacidad de procesamiento y ofrecer al mundo desde nuggets hasta cortes sazonados y envasados al vacío.
Certificaciones y diferenciación. Las exigencias en bienestar animal, trazabilidad, reducción de antibióticos y huella ambiental son cada vez más relevantes en Europa y segmentos premium de Asia. Productores que inviertan en estas certificaciones accederán a precios más altos y mercados más estables.
Retos que definen el futuro
No todo es lineal. Los brotes de influenza aviar, las tensiones geopolíticas y las oscilaciones en el precio de los granos marcan la agenda de riesgos. A eso se suma la necesidad de sostener altos estándares de bioseguridad, invertir en infraestructura portuaria y cadena de frío y avanzar en tecnologías de precisión para hacer más eficiente cada etapa de la producción.
Latinoamérica está llamada a ser el gran abastecedor de la carne aviar que el mundo demandará en la próxima década. Tiene granos, clima, experiencia y una industria que ya demostró competitividad global. El desafío es doble: mantener la escala sin perder resiliencia sanitaria y agregar valor para diferenciarse en los mercados más exigentes.
En la mesa global del futuro, el pollo tendrá acento latinoamericano.



