Brasil vuelve a colocarse en el centro de la escena agroindustrial mundial con las proyecciones oficiales para la campaña 2025/26. Según los datos difundidos por el Ministerio de Agricultura y por la Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB), el país sudamericano podría alcanzar una producción agrícola total de 354,8 millones de toneladas, un incremento significativo respecto del ciclo anterior y un nuevo récord histórico.
El crecimiento responde no solo al clima favorable en la mayor parte del territorio productivo, sino también a la expansión del área cultivada, que alcanzará niveles inéditos. La soja vuelve a posicionarse como el motor del complejo agrícola brasileño, con una estimación de siembra que podría superar las expectativas iniciales y consolidar al país como el mayor productor y exportador global de la oleaginosa.
El maíz, por su parte, mantiene un rol decisivo dentro del sistema de rotación y abastecimiento interno, especialmente para la industria pecuaria. La segunda cosecha —“safrinha”— sigue siendo un componente clave del balance nacional, y las proyecciones muestran un aporte robusto tanto para el consumo doméstico como para el mercado externo.
Otro punto destacado es la amplia diversificación productiva: cultivos como algodón, arroz, sorgo y trigo presentan también escenarios positivos, lo que evidencia la madurez tecnológica del agro brasileño. La adopción de agricultura de precisión, genética avanzada y prácticas de manejo sustentable contribuye a rendimientos más estables y previsibles.
En el plano comercial, estas cifras refuerzan el protagonismo de Brasil como uno de los principales abastecedores de alimentos y materias primas del planeta. La combinación de volumen, competitividad y capacidad logística posiciona al país como un actor estratégico en el comercio internacional de granos, especialmente en un contexto global de demanda firme y mercados ajustados.
Con estas perspectivas, el desafío hacia adelante será gestionar la infraestructura, reducir cuellos logísticos y seguir ampliando inversiones en tecnología y sustentabilidad. Pero el mensaje central es claro: Brasil encara el ciclo 2025/26 con una cosecha histórica y un rol cada vez más decisivo en la seguridad alimentaria mundial.



