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El gusano barrenador reaviva la crisis en el comercio ganadero entre México y Estados Unidos

El comercio de ganado entre México y Estados Unidos atraviesa una de sus mayores crisis en décadas debido a la reaparición del gusano barrenador del Nuevo Mundo (New World Screwworm), un parásito extremadamente destructivo que ataca al ganado y puede causar graves pérdidas económicas. Según lo reportado por The Washington Post, el hallazgo de ejemplares infectados llevó a que el gobierno estadounidense impusiera fuertes restricciones al ingreso de animales mexicanos, paralizando buena parte del flujo fronterizo.

Las medidas no tardaron en generar un profundo impacto económico. En estados ganaderos de México —especialmente Chihuahua, Coahuila y Sonora— miles de productores quedaron con animales detenidos, sin poder completar ventas pactadas o exportaciones programadas. Al mismo tiempo, del lado estadounidense, la industria cárnica enfrenta una reducción repentina en la disponibilidad de ganado para faena, afectando precios y abastecimiento.

La situación escaló rápidamente a nivel político: el gobierno de Estados Unidos ordenó una suspensión temporal de importaciones, argumentando la necesidad de proteger su estatus sanitario, mientras que autoridades mexicanas calificaron la decisión como abrupta y perjudicial para una cadena binacional profundamente integrada. El gusano barrenador ya había sido erradicado en ambos países mediante programas coordinados durante décadas, por lo que el nuevo brote genera alarma regional.

Los expertos citados en el artículo señalan que, si bien el riesgo sanitario es serio, la respuesta debería incluir acciones binacionales coordinadas, tales como reforzamiento de centros cuarentenarios, inspecciones conjuntas, campañas de mosca estéril y protocolos de emergencia, evitando medidas que paralicen por completo el comercio. El episodio reabre el debate sobre la fragilidad de las cadenas agropecuarias frente a plagas transfronterizas.

En medio de la tensión, rancheros mexicanos están absorbiendo pérdidas millonarias por alimentación, retraso en ventas y caída de precios. Muchos advierten que, si la situación se prolonga, podría comprometer la viabilidad de pequeñas y medianas explotaciones. La incertidumbre también se trasladó al mercado cárnico estadounidense, donde la menor disponibilidad de animales empieza a reflejarse en precios más altos.

La crisis deja al descubierto una realidad clave para la región: la sanidad animal no reconoce fronteras, y la estabilidad del comercio ganadero depende de mecanismos permanentes de vigilancia y respuesta conjunta. Tanto productores como especialistas coinciden en que solo una estrategia binacional sostenida podrá contener el avance del parásito y restablecer el flujo comercial que sostiene a miles de familias a ambos lados de la frontera.

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