El sector avícola colombiano cerró 2025 con cifras históricas de producción, consumo y expansión territorial. En un contexto económico desafiante para América Latina, la actividad logró crecer por encima del promedio agropecuario, consolidando su rol estratégico como principal proveedor de proteína animal en el país y fortaleciendo su proyección exportadora.
El año 2025 representó un punto de inflexión para la avicultura colombiana. Según datos oficiales de Federación Nacional de Avicultores de Colombia (FENAVI), la producción total de proteína avícola alcanzó las 3.167.500 toneladas, lo que implica un crecimiento del 9,1% respecto al año anterior. Esta expansión no solo refleja una recuperación sostenida tras ciclos de volatilidad económica, sino también una mejora en eficiencia productiva, tecnificación y capacidad de respuesta del sector frente a las demandas del mercado interno.
En el segmento de carne de pollo, la producción superó los 2 millones de toneladas, con un consumo per cápita cercano a 37,8 kg por habitante, posicionando a esta proteína como la más consumida en el país. En paralelo, el huevo mantuvo una dinámica ascendente, alcanzando los 19.402 millones de unidades producidas, con un consumo promedio de 366 huevos por persona al año. Estos indicadores muestran no solo estabilidad en la demanda, sino una clara preferencia del consumidor colombiano por proteínas de alta calidad nutricional y accesibles en precio.
Desde el punto de vista estructural, la actividad avícola tiene presencia en 676 municipios, con más de 5.500 granjas comerciales y alrededor de 100 plantas de beneficio operativas. El stock total alojado superó los 1.020 millones de aves, incluyendo más de 58 millones de pollitas. Esta capilaridad territorial demuestra que la avicultura es una de las cadenas productivas con mayor impacto federal, generando más de 350.000 empleos directos e indirectos, y actuando como dinamizador económico en zonas rurales.
En términos económicos, el valor de producción y consumo intermedio del sector se estimó en 44,5 billones de pesos colombianos, reafirmando su peso dentro del PIB agropecuario. La magnitud de estas cifras confirma que la avicultura no solo es estratégica desde el punto de vista alimentario, sino también fiscal y laboral. La inversión en bioseguridad, infraestructura y tecnificación ha sido clave para sostener estos niveles de crecimiento en un entorno marcado por presiones inflacionarias y desafíos logísticos.
Otro aspecto relevante en 2025 fue la consolidación del perfil exportador. El sector avanzó en la colocación de huevos y ovoproductos en mercados internacionales, fortaleciendo la diversificación comercial y reduciendo la dependencia exclusiva del mercado interno. La apertura sanitaria y los acuerdos comerciales continúan siendo pilares fundamentales para ampliar la presencia colombiana en el Caribe y otros destinos estratégicos.
Finalmente, las perspectivas para 2026 se apoyan en la continuidad de políticas de sanidad, fortalecimiento de bioseguridad, innovación tecnológica y mejora en eficiencia alimenticia. En un escenario regional donde la demanda de proteína animal sigue en expansión, la avicultura colombiana se posiciona como uno de los polos productivos más dinámicos de América Latina, con capacidad de escalar producción sin perder competitividad.
