La avicultura argentina empieza una semana “corta y atípica” con noticias que valen por toneladas y por dólares: se reactivan destinos estratégicos para la exportación de carne aviar. En diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, Carlos Sinesi, director ejecutivo de CEPA (Centro de Empresas Procesadoras Avícolas), confirmó que el sector viene trabajando desde fin de abril para recuperar mercados que no se reabren automáticamente con la sola publicación internacional del estatus sanitario.
Sinesi ubicó el punto de partida el “27 de abril, cuando el Senasa se autodeclaró libre nuevamente”, lo que habilitó gestiones con países que exigen pasos adicionales a los estándares de la OMSA. En esa línea, destacó que Sudáfrica ya se reabrió y que Perú venía siendo un objetivo prioritario por su perfil de consumo: “Perú es hoy, dentro de Sudamérica, el mayor consumidor por persona”, subrayó, remarcando además un nicho valioso para la Argentina: la demanda de carne de gallina, un producto que ordena cortes y categorías que no siempre encuentran salida fácil en otros mercados.
La otra novedad fuerte es Chile. Según Sinesi, el tema ya estaría resuelto “desde el punto de vista técnico” y sólo faltaría el acto administrativo final: “La noticia de Chile, que todavía tiene que sacar una resolución… falta nada más que salga esa resolución”. Para una industria que necesita previsibilidad sanitaria y comercial, Chile no sólo representa un mercado de cercanía; también funciona como vidriera regional por la exigencia de sus controles y por la velocidad con que impacta en el humor exportador del sector.
Donde el tablero cambia de sanitario a político es en China. Sinesi relativizó la necesidad de nuevas auditorías: “No creo que tenga que venir otra auditoría. Ellos ya vinieron, ya revisaron, controlaron todo”. Incluso defendió la fortaleza técnica local: “Argentina es uno de los países que mejor trabaja en todo lo que es documentación y seguimiento”. Sin embargo, admitió que la llave para destrabar Beijing no está sólo en los papeles: “Esto se define políticamente”. Y agregó un punto clave para entender el paquete de negociación: aunque la reapertura aviar en sí “no requiere firmar nada”, hay “una serie de protocolos que están ahí para firmarse”, que incluyen menudencias porcinas y bovinas, legumbres y otros capítulos de comercio agroindustrial.
La pregunta de Patricia Aller puso sobre la mesa el costo de la demora cuando hay empresas emblemáticas y puestos de trabajo involucrados, como el caso de Granja Tres Arroyos, con historia exportadora hacia China. Sinesi respondió que el Gobierno estaría dimensionando el tema y mencionó movimientos recientes: durante SIAL China, “una delegación más técnica que política fue a reunirse a Beijing” y volvió “optimista” respecto de un viaje en el corto plazo. Incluso vinculó el clima geopolítico con los tiempos de la agenda bilateral: “Yo creo que deberían estar planificando ese viaje prontamente a Beijing”, dijo, apuntando a que una visita ministerial podría ordenar no sólo lo sanitario, sino también cuestiones “macroeconómicas” que sobrevuelan la relación, como el swap.
En paralelo, vuelve una discusión recurrente cada vez que el país recupera estatus sanitario: la zonificación. Quibel preguntó por qué el tema reaparece una y otra vez, y Sinesi fue directo: “La zonificación se negocia país contra país”. Aun así, dejó una cifra que ayuda a dimensionar la resiliencia exportadora en plena tensión sanitaria: “Hoy tenemos 65 países con zonificación, por lo cual las exportaciones no se cerraron”. Y detalló el flujo reciente: “En febrero se exportaron 14.000 toneladas, en marzo 10.000, en abril 12.000 y en mayo otras 12.000. Nunca hubo corte total”. El problema, explicó, es que algunos destinos piden más que la OMSA: se parte del radio de 10 km alrededor de un brote —“eso es aceptado por la OMSA”— pero si el comprador no lo convalida, hay que negociar 25 o 50 km, con más documentación, trazabilidad y vigilancia.
Mientras el comercio exterior busca normalizarse, el mercado interno también empuja. Rossi recordó que el pollo ya es la carne más consumida por los argentinos, y Sinesi lo confirmó con números: “Hoy estamos en 50 kilos aproximadamente por habitante por año”. Señaló, además, dos tendencias que reacomodan el negocio doméstico: “un ingreso creciente de importaciones” que suma oferta, y el avance de los elaborados: “Está tomando mucha fuerza el tema de los fiambres con carne de pollo”. En esa construcción de demanda, pesa la percepción de salud: “La percepción de lo saludable que representa la carne de pollo se traslada a los fiambres”. Hasta cortes históricamente difíciles parecen encontrar su lugar: “Algo novedoso: las alas… están ganando mercado”, indicó.
El cierre deja una conclusión que excede la coyuntura aviar: la Argentina puede tener la técnica lista, el sistema de control aceitado y una “articulación público-privada excelente”, como definió Sinesi, pero la velocidad de recuperación plena de mercados dependerá de cuánto se alineen la política exterior, los protocolos pendientes y la negociación de zonificaciones antes de que un nuevo brote vuelva a mover el arco. En una economía que necesita divisas, empleo y previsibilidad, cada resolución sanitaria también es —cada vez más— una decisión diplomática.
